Vender un vehículo en Venezuela requiere cumplir con un proceso estricto que se divide en dos fases: la autenticación notarial (SAREN) y el registro de tránsito (INTT). Cumplir con estos pasos es vital para blindarte legalmente y prevenir responsabilidades civiles o penales sobre un automóvil que ya no está en tu poder.
Antes de redactar y firmar cualquier contrato de compraventa, el vehículo debe ser inspeccionado legalmente por las autoridades competentes.
Certificado de Revisión Técnica (Experticia): Emitido por la Policía Nacional Bolivariana (PNB) o Tránsito Terrestre. Este documento certifica que los seriales del motor y la carrocería coinciden y no presentan alteraciones.
Título de Propiedad Original: El certificado de registro de vehículo emitido por el INTT a nombre del vendedor.
Póliza de Responsabilidad Civil (RCV): El seguro obligatorio vigente a nombre del propietario actual.
Para que el traspaso tenga validez, debe registrarse y autenticarse en una Notaría Pública.
Documento de Compraventa Visado: Es el requisito principal. El contrato debe estar redactado y firmado (visado) obligatoriamente por un abogado colegiado, detallando las características exactas del vehículo y las condiciones de pago.
Identidad Vigente: Original y copia de la Cédula de Identidad y el Registro de Información Fiscal (RIF) actualizado de compradores y vendedores.
Planilla Única Bancaria (PUB): El pago de las tasas y aranceles calculados por el sistema del SAREN.
Una vez que el documento está notariado, el comprador tiene un lapso legal para registrar el vehículo a su nombre en el sistema del Instituto Nacional de Transporte Terrestre.
Planilla Única de Trámite (PUT): Se solicita y se paga a través del portal web oficial del INTT.
Documento de Compraventa: Se debe presentar la copia certificada u original del documento procesado en la notaría.
Soporte Físico: Entrega de la experticia original de la PNB y copias de los documentos de identidad.
Un contrato de compraventa con errores de formato, omisión de características del vehículo o cláusulas de saneamiento deficientes es la principal causa de rechazo por parte de los revisores en las notarías. Una redacción impecable te ahorrará retrasos, dolores de cabeza y la pérdida del dinero pagado en aranceles.
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